miércoles, 7 de junio de 2017

Los niños de Huang Shi (2008)

Esta es una de esas películas que dicen basarse en hechos reales pero que realizan tantas "adaptaciones" que de los hechos reales solo quedan los nombres. Roger Spottiswoode es el director de esta irregular película cuyo gran mérito ha sido, finalmente, hacernos conocer a George Hogg, ciudadano británico que llegó muy joven a la República Popular China, entusiasmado por los grandes cambios sociales y culturales que generó la revolución.




Una vez en China, participó en el proyecto educativo del conocido pedagogo neozelandés Rewi Alley, y se quedó a cargo de la Escuela de Shuangshipu, que albergaba a niños huérfanos. Como se puede ver en la película, Hogg se desempeñó como maestro de estos niños, pero lo que omite es que lo hizo bajo la dirección de Alley. Fue un proyecto colectivo y no la idea romántica e individual de un "gringo" humanitario.

Durante la guerra con Japón, la escuela se vio amenazada, por lo que Alley y Hogg decidieron marchar rumbo a Shandan, región a salvo de los invasores. Efectivamente, el viaje duró cuatro meses y se dio en muy duras condiciones, sobre todo para los niños, quienes tuvieron que caminar cientos de kilómetros bajo un clima extremadamente frío y llevando todo lo que habían podido sacar de la escuela, desde alimentos hasta maquinaria.

Hogg murió al poco tiempo de llegar a Shandan. Contrae el tétanos y las vacunas que podían haberlo salvado llegaron muy tarde, debido al bloqueo de las carreteras producido por la guerra. Falleció el 22 de marzo de 1945, a la edad de 30 años.

En toda la historia, Hogg se alza como el paradigma del joven progresista que, a pesar de no abrazar el marxismo, decide contribuir con todas sus fuerzas en la gran gesta a favor de la construcción de una nueva sociedad, más justa y más humana.

Y lo hizo con toda la energía de la juventud y con todos los talentos que ya había demostrado en su país natal: alumno destacado de Filosofía en Oxford, personalidad fuerte y decidida, líder nato y gran deportista.




Como era previsible, la película "adapta" los hechos para presentarnos una historia potable al gran público y donde los valores "democráticos" triunfen. ¿Qué significa esto? Pues que la guerra queda en segundo plano frente a la "gran historia de amor" entre Hogg y la enfermera; el joven héroe individualista se impone frente al maduro guerrillero comunista que todo lo ve colectividad, pero que -obviamente- no obtiene mayores éxitos en la práctica.


Y los actores no podían ser los menos indicados:el rostro abúlico y sin alma de Jonathan Rhys-Myers no podría estar más lejano del jovial y lleno de vida George Hogg verdadero. Y Radha Mitchell no se queda atrás: interpreta su rol de enfermera con los mismos gestos que en sus películas anteriores. Chow Yun Fat, el destacado actor chino de Tigre y Dragón es uno de los pocos que salva la situación interpretando con mesura al líder militar comunista Nie Rongzhen.




Para resumir, Los niños de Huang Shi es una película con harto contrabando. Bajo la promesa de una jornada épica para salvar a un grupo de niños indefensos, asistimos a una puesta en escena con el mismo cliché de las películas recientes: el "triunfo del amor", los triángulos amorosos, la superioridad de la cultura anglosajona frente a cualquier otra, la imagen del guerrillero sino violento, inconsecuente y cobarde. Y es que la burguesía es capaz de mentir y tergiversar sin remordimientos a fin de endiosar a su decadente sistema social, y así convencernos de que no habrá ninguno mejor. ¿Le seguiremos creyendo?

miércoles, 4 de enero de 2017

Germinal (1993)

Esta película del director francés Claude Berri (1934-2009) comienza con una dedicatoria: "A mi padre". Berri padre fue artesano peletero judío-francés, de ideas republicanas y fiel votante del Partido Comunista; participó con su pequeño hijo en las luchas obreras y poco a poco fue desarrollando en él una conciencia social progresista. En su momento, Claude Berri mismo afirmó que le debía esta película a su progenitor, por todo lo que había significado éste en su vida.

Sin embargo, después de conocer dicha motivación, Germinal deja un sinsabor. Explicaremos por qué.




El guión es una adaptación de la novela Germinal (1885) escrita por Emile Zolá, para la cual se bsó en cuatro hechos históricos:
* La fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores o I Internacional (28/09/1864).
* La huelga de los mineros de Ricamarie y Aubin (1869).
* Las protestas de Creusot y Fourehambault (1870), así como las de Montceaules-Mines (1882).
* La huelga minera de Anzin (febrero-abril 1884).

Si bien estas son las fuentes, la novela se ubica temporalmente en el proceso de fundación de la I Internacional.

Rápidamente, la película nos sitúa en el escenario donde se desarrollarán los hechos (Mina de Voreaux, en la frontera franco-belga) y presenta a los personajes principales:
* Etienne Lantier: maquinista desempleado en busca de trabajo; comunista. Interpretado por el actor y cantante de izquierda, Renaud.
* Toissant Maheu, líder minero y padre una familia numerosa. Interpretado por Gerard Depardieu.
* Maheude Maheu, la abnegada y luchadora esposa de Toissant. Interpretda por la actriz Miou-Miou.
* Souvarine, militante anarquista. Interpretado por Laurent Tarzieff.
* Rasseneur, dueño y  administrador de la única pensión de la mina; afín a los comunistas. Interpretado por Jean-Pierre Bisson.
* Catherine, hija mayor de Toissant y Maheude. Interpretada por Judith Henry.
* Chaval, minero violento y oportunista. Interpretado por Jean-Roger Milo.

Como se le reconoció en su momento, un reparto de primer nivel para una historia que presenta de manera condensada los sufrimientos de los trabajadores mineros: explotación, hacinamiento, promiscuidad, alcoholismo, enfermedades, estrechez económica, etc. Y es que junto con la recreación de la mina y del escenario de época, estos son los aspectos más notables de Germinal.

A pesar de todo esto, la gesta minera no llega a cuajar (si bien hay algunos momentos destacados: enfrentamiento contra las fuerzas del orden, monólogo de Maheude explicando por qué permanece en la huelga). Y es que los personajes que deberían sostener la lucha son los menos indicados:
* Un Lantier/Renaud sin convicción como militante comunista, con un discurso repetitivo y un rictus supuestamente de sufrimiento que no cambia un ápice durante los 160 minutos que dura la película. Nunca se ríe (¿acaso los comunistas no saben reír?) y su expresión se mantiene inclusive cuando está con Catherine, su "gran amor".
* Un Toissant/Depardieu inverosímil, excesivamente gordo para la realidad que dicen vivir, y que va "asimilando" asombrosamente rápido y sin dudas ni murmuraciones las propuestas de Lantier/Renaud.

A esto se suman algunos clichés que, suponemos, obedecen a un afán de agradar al público espectador:
* Primera escena en que aparece Catherine: en pijama y, cómo no, con el hombro al aire. Claro, las mineras también pueden ser sexys.
* La escena de coito apurado entre Toissant y Maheude. Innecesaria y que pone en evidencia la falta de afinidad como pareja actoral entre Depardieu y Miou-Miou.
* El anarquista oportunista: sabotea la mina y ni siquiera pasó por la obligada reflexión o consideración de las consecuencias de sus actos. Hizo su labor y se fue sin mirar atrás y sin remordimientos.

Y si el final fue un intento de arreglar las cosas, no lo consiguió. Maheude, supuestamente la gran luchadora, se pone a imaginar qué habría pasado si se hubiera acostado con Lantier; y este último, con la misma cara de funeral de siempre, recitando sin convencimiento que, a pesar de la derrota, el mundo cambiará, será más justo, etc., etc.

Algunos críticos afirman que Germinal de Berri es inferior a la novela de Zolá. Es probable; pero lo que llama la atención es que un hijo de la clase trabajadora no haya sido capaz de reflejar toda la fuerza de los primeros años del proletariado, toda esa convicción en la lucha por un mundo mejor porque no tenían nada que perder y sí mucho que ganar. Solo queda imaginar qué hubiera pensado Berri padre de esta película, destinada a homenajear a la clase a la cual perteneció.


jueves, 28 de julio de 2016

Billy Elliot o el inicio del fin

El 12 de marzo de 1984, el Sindicato Nacional de Mineros del Reino Unido, uno de los más poderosos del país, comenzó una de las huelgas más largas y duras que desarrolló la clase trabajadora durante el siglo XX.

En 1979, Margaret Thatcher había asumido el cargo de Primera Ministra y entre los años 80-81 dirigió la arremetida neoliberal contra la clase trabajadora y el Estado del bienestar: alza de impuestos, despidos masivos (alrededor de 3,6 millones de trabajadores) y privatización de las empresas que los gobiernos laboristas habían nacionalizado (por ejemplo, la industria del acero). La industria minera era la siguiente en la lista de privatizaciones y el estallido del conflicto era solo cuestión de tiempo.




Esta gran huelga minera es el telón de fondo de Billy Elliot (2000), película dirigida por Stephen Daldry y ganadora de tres premios BAFTA: a la mejor película británica, al mejor actor (el púber Jamie Bell) y a la mejor actriz de reparto (Julie Walters).

La película cubre casi todo el año que duró la huelga, mostrando de cuando en cuando las típicas escenas que el público espera: algo de romance y alusiones sexuales, mítines, enfrentamiento con los policías (esto último en clave humorística, ocultando así la inusitada violencia con que en realidad actuó la policía británica: 11291 detenidos, 8392 encausados, cientos de heridos y casi una decena de muertos), etc. El plano principal está ocupado por la gesta individual de Billy, hijo de un minero en huelga, para superar los prejuicios sociales de su entorno y lograr estudiar ballet, profesión considerada por los mineros no solo como de "maricas" sino también como representativa de las clases acomodadas y, por lo tanto, contraria a los intereses de la clase trabajadora.

A pesar de la mirada condescendiente y afectuosa hacia los mineros que Daldry transmite, la película se suma sin cuestionamientos a la idea que el modelo neoliberal logró imponer desde que los mineros fueron derrotados (y después de ellos, el Sindicato de Impresores): las luchas colectivas no sirven de nada, "eso de la sociedad no existe" (Thatcher dixit), aquí solo valen el lucro y el éxito individual. Y tanto se impuso este credo que los barrios obreros fueron desmantelados y en su lugar se construyeron centros comerciales y puestos de comida rápída, dejando bien en claro quiénes habían ganado la lucha política e ideológica.

En Billy Elliot destacan la dirección de actores, la cuidadosa selección de los escenarios y la recreación de la época (incluida la música); pero seguimos esperando la película que tenga un enfoque de veras progresista y que tras un tema supuestamente contestatario no nos inocule subrepticiamente los principios y valores de los que dominan el mundo.




jueves, 21 de enero de 2016

Comida S.A. (Food Inc.)

Alimentarse es, de lejos, la más importante de las necesidades básicas que debe cubrir todo ser humano. Y el capitalismo, que todo lo ve lucro, ha sabido lucrar con la comida de una forma nunca antes vista en la historia de la humanidad.

El documental Comida S.A. (Food Inc. en inglés), de Robert Kenner, muestra de manera descarnada la catástrofe alimentaria, sanitaria y ecológica que ha generado ese demencial afán de lucro característico del sistema capitalista.

Ese afán de lucro es el que ha llevado a que inclusive los peces (salmones y tilapias de granja) sean alimentados con maíz, una de las plantas más versátiles de nuestra flora y que sirve de ingrediente para los productos menos imaginados: Coca-Cola, pilas, pañales, ketchup, mantequilla de maní, jugos envasados, carbón, mermeladas, queso para microondas y la conocida comida rápida o fast food.

Desde que los hermanos Mc Donald introdujeron el sistema de producción en serie en el servicio de comidas, lo que permitió el abaratamiento de los costos, el capitalismo no ha cesado de obtener colosales ganancias. Y es en función del abaratamiento de los costos que el maíz se posicionó como el alimento más económico y rendidor para engordar en tiempo récord no solo pollos, sino también vacas, cerdos y peces.

Sin embargo, que las especies se alimenten con aquello para lo cual su organismo no está adaptado, ha generado mutaciones "asesinas" de las bacterias que viven equilibradamente en el tracto digestivo. Son mundialmente conocidos, por los estragos que causaron y siguen causando, el virus de la gripe AH1N1 y el E. coli hemorrágico. Todos ellos generados en los establos donde malviven encerrados en medio de sus heces las vacas, pollos y cerdos que más tarde consumiremos.

Pero esto solo es una pequeña parte de los 94 minutos que dura este golpe directo a la conciencia. Ni el más indiferente puede quedar ajeno a esta realidad cuando lo que está en juego es la comida que garantizará nuestra supervivencia.

El capitalismo ha generado dos situaciones que, de no cambiar radicalmente, serán devastadores para la humanidad: 1. Escasez de alimentos para los más pobres y 2. Alimentos cada vez más tóxicos para los que pueden pagar.

No podemos quedarnos indiferentes frente a esta realidad, ensayando justificaciones para tranquilizar nuestra conciencia. Deja tu alienación siquiera por un momento y organízate para transformar este sistema irracional e injusto.


domingo, 3 de enero de 2016

La era de la estupidez

El capitalismo ha sometido a la naturaleza humana y no humana a más de dos siglos de depredación sostenida, que nos está llevando al abismo de la extinción de la vida en la Tierra. Esto ya nadie lo puede negar. Sin embargo, ¿por qué no se puede detener esta destrucción?, ¿por qué seguimos tan tranquilos ante la inminente catástrofe?

El documental de Franny Armstrong intenta darnos algunas respuestas a través de las trayectorias vitales de cuatro personajes, intercaladas con trozos de otros documentales, animaciones y la narración de un personaje del futuro. Pero a lo largo de los 89 minutos del video una sola verdad emerge: si este sistema demencial, injusto y depredador continúa es por la tremenda alienación de la gente, que acepta este estado de cosas y no lucha contra él.

Efectivamente, los que dominan el mundo han logrado sumir a la mayoría de nosotros en un "estado de estupidez", por el cual somos capaces de anhelar el dañino estilo de vida americano, mientras nuestro entorno se cae a pedazos. O somos capaces de bloquear una acción positiva para el medio ambiente porque supuestamente nos quita estatus. Estupidez en estado puro.

Y como dice uno de los personajes del documental: "Seríamos la primera forma de vida en acabarse a sí misma. Pero lo que sería único en nosotros es que lo hicimos a conciencia".

Entonces, en vez de seguir al capitalismo con su voz de orden que nos condena a la estupidez y a la destrucción: "tú primero, "debe aprovechar todo lo que puedas", "la plata llega sola", "todos roban", "si no me beneficia, no sirve", etc., deberíamos comprometernos en un trabajo colectivo y organizado para luchar contra el peor sistema social que ha parido la humanidad.


viernes, 11 de diciembre de 2015

Errepé, de Gabriel Corvi y Gustavo de Jesús

En casi dos horas de película, Corvi y de Jesús nos presentan los orígenes y la lucha desarrollada en Argentina por el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), durante los años 1969-1977.

A la fecha, existen estudios bastante detallados sobre esta organización, que reconoce haber recibido la influencia del marxismo-leninismo, del trotskismo, del guevarismo, de Mariátegui y del indoamericanismo (Haya de la Torre); pero lo que brindan Corvi y de Jesús con su documental son testimonios de la gente que estuvo "en la acción", gente que dejó la comodidad de una vida pequeñoburguesa por comprometerse a fondo con el ideal de un mundo mejor. Y, también, gente que fue encarcelada y torturada; pero que conserva el orgullo de haberse enfrentado abiertamente a un sistema injusto.

De los aproximadamente diez testimonios recogidos (cuatro de ellos son de mujeres) se puede concluir lo siguiente:
* La falla recurrente de las organizaciones de izquierda en Latinoamérica es el voluntarismo, el practicismo, dejando de lado el estudio a fondo del marxismo, olvidando la teoría.
* Poner a una organización en función de lo militar es nefasto: se aísla de las bases, se aísla de otras organizaciones; en suma, se termina aislando de la realidad.
* Las acciones militares de una organización revolucionaria no deben caer en el terrorismo. No se debe atentar contra la población ni tampoco se debe caer en el ensañamiento contra el enemigo capturado o secuestrado.

Podremos no estar de acuerdo con las concepciones teóricas del PRT-ERP; pero no se puede dejar de reconocer en sus militantes un genuino amor al pueblo y una gran capacidad de autocrítica.


martes, 30 de junio de 2015

Galileo, de Joseph Losey

"Galileo" (adaptación al inglés de "Vida de Galileo", de Brecht) se estrenó por primera vez en EE.UU. el año 1947 en Los Ángeles. Fue el resultado de la colaboración de tres grandes del teatro mundial: Bertolt Brecht, Jospeh Losey y Charles Laughton.

La campaña macartista desatada en EE.UU. aceleró el regreso de Brecht a Europa (1947), de donde había llegado exiliado en 1941. Por su parte, Losey sufrió las represalias de ser declarado "anti-americano" por su cercanía con Brecht, y decidió migrar a Gran Bretaña. Es allí donde, en 1974, dirigió la versión cinematográfica de "Galileo".

Esta película sorprende por la forma en que logra trasladar la obra de teatro al lenguaje cinematográfico. Respetando la mayoría de conceptos teatrales de la obra original (incluido el coro), Losey desarrolla un film potente que muestra la lucha de clases desde sus aspectos más descarnados hasta los más sutiles. En esta lucha, Galileo representa al científico que fracasa en su vano intento de hacer ciencia sin comprometerse políticamente.

En resumen, en "Galileo" se aplica el materialismo histórico y dialéctico sin caer en lo panfletario. Una lección que todo artista marxista (o progresista) debe tomar en cuenta.

Película completa doblada al español (excepto los coros):

https://www.youtube.com/watch?v=_w1I_2RsH-c

lunes, 11 de mayo de 2015

Ciutat Morta (Ciudad muerta)

Ahora que en el reciente caso de Tía María se ha puesto en evidencia el burdo montaje policial para detener a supuestos "terroristas antimineros"; ahora que más que nunca se observa cómo el gobierno, los partidos políticos y los medios de comunicación cierran filas en torno a este sistema explotador que quiere imponer "sí o sí" proyectos que los harán multimillonarios a costa de cientos de miles de vidas humanas; vale la pena conocer un caso que indignó a España en el 2006 y la sigue indignando hasta ahora.

Un caso con semejanzas a lo que ocurre en nuestro país: abuso contra los pobres, contra "los que estorban el progreso", contra todo lo que parezca ya no "rojo" sino solo "rosadito" o vagamente "contestatario". Y la lógica es la misma: imponer a como dé lugar el reino del mercado, del dinero, sobre la faz de la Tierra.

Después de ver "Ciutat Morta", además de la indignación contra un sistema injusto y salvaje, queda un mensaje claro: si algo pudo doblegar  la corrupción policial, judicial y municipal, fue la tremenda dignidad de los jóvenes que afrontaron la injusticia de verse torturados y encarcelados sin motivo. Y no sólo dignidad de ellos, sino de sus amigos, familiares y todos los ciudadanos que se organizaron en torno a la defensa de su causa, quienes lejos de sentirse amedrentados por ser acusados de "antisistema", persistieron en sus convicciones e hicieron retroceder a la corrupción. Un ejemplo a tomar en cuenta.

Versión completa del documental: 


viernes, 1 de mayo de 2015

"El hombre elefante" y el proletariado



En 1980 se estrenó "El hombre elefante", película dirigida por el cineasta norteamericano David Lynch. Para el guión se basó en la vida real de Joseph Merrick, ciudadano británico perteneciente a la clase trabajadora, quien padecía severas malformaciones físicas (Síndrome de Proteus).

Un guión con fuerte carga dramática, rodaje en blanco y negro, buenas actuaciones y maquillaje preciso para recrear las malformaciones de Merrick, aseguraron a "El hombre elefante" varios premios BAFTA y ocho nominaciones al Oscar. Sin lugar a dudas, fue un éxito comercial y recibió elogios de la crítica. Hoy en día se considera una película "de culto".

Sin embargo, la película de Lynch se toma varias licencias para escamotear las duras condiciones que afrontó la clase trabajadora inglesa desde 1834, año en que la burguesía le declaró abiertamente la guerra al proletariado y promulgó la nueva Ley de pobres (Poor Law).

Vayamos por partes. En su película, Lynch presenta un Joseph Merrick huérfano, que desde niño ha sido explotado y vejado por un empresario circense. El doctor Sir Frederick Treves, alertado de la existencia del "hombre elefante", lo contacta (sobornando previamente al empresario), lo examina y lo exhibe ante la comunidad científica de Londres. Luego, remontando algunos obstáculos, logra que Merrick se quede a vivir en el hospital y, con ayuda del director del establecimiento, publicita el caso y consigue el apoyo de la señorita Kendall (actriz de teatro) y de la princesa de Gales. En un ambiente cálido y lleno de comodidades que nunca había tenido, se ponen en evidencia las dotes artísticas de Merrick, así como su gentileza y sus exquisitos modales, aspectos que generan admiración, pues se esperaría otro comportamiento de una persona como él (deforme y maltratada por la vida). Lynch resalta bastante este aspecto, para que el espectador se concentre en el contraste entre la apariencia física y el contenido espiritual de Joseph Merrick.

Como habíamos señalado al inicio, Lynch se tomó varias licencias. La principal de ellas es que obvió abiertamente el duro pasado de Merrick como obrero en una fábrica de tabaco, mercader ambulante y, finalmente, como asilado durante cuatro años en la Leicester Union Workhouse.

Merrick se encuentra con la señorita Kendall (Anne Bancroft)

Las workhouses ("casas de trabajo") fueron el resultado de la implantación de la nueva Ley de Pobres en Inglaterra (1834). Como señala Federico Engels en su obra La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845), con esta ley la burguesía le declaró la guerra sin cuartel al proletariado. Basada en la teoría malthusiana, la nueva Ley de Pobres abolía la ayuda social a los indigentes, a los obreros sin empleo o tullidos, y a las familias obreras numerosas, basándose en el argumento de que toda esta gente era superflua para la sociedad y que, en vez de gastar dinero ayudándola a que se reproduzca, se debía hacer todo lo posible por eliminarla.

Y para garantizar que ningún pobre osara siquiera buscar ayuda en algún lugar para aliviar sus penurias, ahí estaban las workhouses, las "bastillas de los pobres", llamadas así porque el trato que se daba a quienes se asilaban ahí era como el de la cárcel francesa de La Bastilla, simplemente atroz. A lo largo de varias páginas, Engels detalla los casos más indignantes de maltrato humano que se puede haber leído. Sin embargo, para la burguesía inglesa eran casos "ejemplarizadores". Como señala el mismo Engels: "Jamás se había afirmado tan claramente, tan francamente, que los proletarios solo existen para ser explotados por los poseedores y para morir de hambre cuando estos no puedan utilizarlos".

En su película, Lynch obvia este pasaje en la vida de Merrick, quien estuvo cuatro años en una workhouse y de la que siempre se expresó con horror. Por el contrario, la etapa de trabajo en el circo fue la más feliz para él (antes de vivir en el hospital), pues se encontró con buenos compañeros de trabajo y las labores eran más ligeras en comparación con las de la workhouse. Así, Lynch logra distraernos del objetivo: el problema son los individuos, no la sociedad.

Otro aspecto velado por el guión de Lynch es el origen familiar de Merrick. Sus padres eran de origen campesino, que habían migrado a la urbe como resultado de las expropiaciones de tierras realizadas por la burguesía como parte de su afianzamiento como nueva clase dirigente.

La señora Merrick, ama de casa que apoyaba la alfabetización de niños en la Iglesia Baptista, fue quien educó a Joseph hasta los 11 años. Fue ella, una descendiente de campesinos y miembro de la clase trabajadora, quien le brindó la base cultural y quien desarrolló en su hijo esa sensibilidad artística que lo caracterizaría. Y hacemos énfasis en esto pues en "El hombre elefante", la mayoría de personajes pobres son malos, aprovechadores, zafios y entregados a las más bajas pasiones; en resumidas cuentas, unas lacras para la sociedad. Por el contrario, los adinerados son generosos y nobles de espíritu. 

Por último, no se puede negar el apoyo que Merrick recibió de sus benefactores; pero, ¿qué podía significar esta ayuda si de manera sistemática y consciente la burguesía inglesa intentaba exterminar a cientos de miles de proletarios?

La nueva Ley de pobres fue abolida en 1948, cuando, por influjo del socialismo, establecido exitosamente en la URSS y en China, la burguesía europea se vio obligada, para contrapesarlo, a implementar el Estado del Bienestar.

Ahora que en las noticias vemos a cada momento cómo se explota a los trabajadores y cómo se hostiliza a los campesinos, es bueno recordar lo que fue capaz de hacer la burguesía del país "más civilizado" del mundo. Como diría el "Che" Guevara, en la burguesía no se puede confiar "ni así tantito".

Merrick de regreso a Londres

Película completa doblada al español:
https://www.youtube.com/watch?v=i2AeMltARd4

jueves, 9 de abril de 2015

La Rabbia, de Pier Paolo Pasolini



Pier Paolo Pasolini nació el 5 de marzo de 1922 en Bolonia, capital de la región Emilia-Romaña (norte de Italia). Interesado desde niño en la literatura, en su juventud combinó la docencia en centros secundarios con una extensa actividad literaria (ensayo, poesía, narración, teatro).

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, se afilió al Partido Comunista Italiano (PCI), aunque fue separado del mismo algunos años después. Sin embargo, se mantuvo fiel a su concepción marxista, fuertemente influida por Gramsci. Desde 1961 hasta 1975 (año de su muerte) se dedicó a la cinematografía, fundando lo que sería el segundo neorrealismo italiano.

La Rabbia (1963) es la respuesta de Pasolini a la pregunta de por qué nuestra vida está dominada por la guerra, el descontento, la angustia. En casi 50 minutos, Pasolini desgrana un discurso aparentemente sin lógica; pero que finalmente llega a la conclusión lógica de que el origen de todo es la lucha de clases.

Comienza en 1956 con la llamada Revolución húngara contra la URSS y concluye con el primer viaje humano al espacio exterior realizado por Yuri Gagarin (1961) y con la muerte de Marilyn Monroe (1962).

A partir de un remontaje con material de noticieros y documentales, Pasolini compone una obra maestra, donde incluye poesía, fragmentos de ensayos y reflexiones políticas.

De una manera clara y objetiva nos va mostrando cómo a partir de la Segunda Guerra Mundial la burguesía se fue preparando para recuperar el control total de la política mundial. Sus principales instrumentos fueron la lucha ideológica y las guerras. Tres escenas destacables son las siguientes:
* Cuando afirma lo sencillo que es comprar a un obrero, apelando a su marcada necesidad de reconocimiento, debida a una sociedad que siempre lo ha tratado con desprecio.
* La cobertura mediática de las actividades de las actrices Ava Gardner y Sophia Loren. Acciones frívolas y vulgares que desempeñan estas señoritas pero que son ensalzadas como si de heroínas o grandes personalidades se tratase. 
* El suicidio de Marilyn Monroe, bella hasta que el mercado y el consumismo se apoderaron de su imagen y acabaron destruyéndola.


Temeroso de que La Rabbia fuera objeto de polémica y rechazo, Pasolini incluyó una segunda parte, dirigida por Giovannino Guareschi, quien respondió a la misma interrogante que Pasolini, pero desde el punto de vista de los que dominan el mundo.

Así, La Rabbia muestra dos concepciones del mundo opuestas, donde cada una enfatiza (y distorsiona, en el caso de la segunda parte) los eventos históricos de acuerdo con su conciencia de clase. Finalmente, la idea de Pasolini fue un éxito y nos dejó un documento fílmico de gran valor político para la lucha de clases que desarrolla el proletariado mundial.

Película completa con subtítulos en español:
 https://www.youtube.com/watch?v=MLv5vaIyxC0


lunes, 2 de febrero de 2015

LA HUELGA, de Sergei Eisenstein

La huelga (1924) fue la segunda película de S. Eisenstein. Ella es una película "de tesis" por dos motivos: de "tesis política", pues muestra que son las masas y no los personajes las que hacen la historia, y que si estas masas no se organizan serán derrotadas por la burguesía; y de "tesis cinematográfica", pues en ella Eisenstein comienza a usar los principios dialécticos aplicados al lenguaje visual. Si bien algunos críticos señalan que La huelga es una obra maniquea y caricaturesca, en ella podemos apreciar el germen del cine maduro de Eisenstein: un cine que refleje en todo sentido la cultura proletaria.

Ver la película en tres partes, aquí:

http://imbratisare.blogspot.com/2012/03/la-huelga-sergei-eisenstein.html

domingo, 1 de febrero de 2015

SERGEI EISENSTEIN

(Riga, Letonia, 22/01/1898 - Moscú, 11/02/1948) Director, montador y teórico cinematográfico soviético. Hijo de padre judío y madre eslava, estudió arquitectura y bellas artes antes de enrolarse en las milicias populares que participaron en la Revolución de Octubre.

En el Ejército Rojo entró en contacto con el teatro al trabajar como responsable de decorados y como director e intérprete de pequeños espectáculos para la tropa. Su experiencia como director de escena del Teatro Obrero (1920) lo impulsó a estudiar dirección teatral en la escuela estatal, donde desarrolló una personal concepción del arte dramático basada en la yuxtaposición de imágenes de fuerte contenido emocional.

Su primer contacto con el cine fue el rodaje de un pequeño cortometraje incluido en el montaje de la obra teatral El sabio que llevaba por título El diario de Glomov. Empezó a interesarse activamente por el nuevo medio artístico y rodó el largometraje La huelga (1924), con una famosa secuencia en que utilizó la imagen de ganado sacrificado en el matadero intercalada con otra de trabajadores fusilados por soldados zaristas.


Alejado ya del Teatro Obrero, recibió el encargo de rodar una película conmemorativa de la Revolución de 1905 que se convertiría en su obra más célebre: El acorazado Potemkin (1925). Considerada uno de los mayores logros del cine mudo, la escena del amotinamiento en el barco y la vertiginosa escena de acción de la escalinata constituyen hitos decisivos en la configuración del lenguaje cinematográfico. Inmerso en la redacción de sus primeros ensayos sobre el montaje de atracción, realizó la genial Octubre (1927), reconstrucción de los decisivos acontecimientos de 1917, basada en la obra del periodista estadounidense John Reed Los diez días que conmovieron al mundo.

Comenzó entonces a tener serios problemas con la censura soviética, que le llevaron a firmar un contrato con la Paramount y trasladarse a Estados Unidos. Sin embargo, no consiguió el permiso de residencia ni poner en marcha ningún proyecto. Marchó entonces a México, donde rodó el incompleto ¡Que viva México!, filme en el que ensayó diferentes montajes aproximativos. La Metro adquirió en una subasta parte de los negativos, que luego utilizó en ¡Viva Villa!, mientras otra parte pasó al productor Sol Lesser, quien con ellos realizó Tormenta sobre México. Una amiga del propio Eisenstein, Mary Seaton, utilizó otra parte en la película Tiempo al sol, de influencia decisiva en el posterior desarrollo del cine mexicano.


Tras su poco exitosa experiencia como cineasta en el exilio, decidió regresar a la Unión Soviética. De nuevo tropezó con grandes dificultades para desarrollar su trabajo; el rodaje de El prado de Bezhin, basada en un cuento de Ivan Turgeniev, fue interrumpido por la censura. Se dedicó entonces a la redacción de brillantes textos teóricos, mientras arreciaban los ataques políticos contra su obra y su persona; ataques que no impidieron que rodase Alexander Nevski (1938), su primera película sonora -con música de Serguéi Prokófiev-, con la que ganó el Premio Stalin.

Con Iván el Terrible (1942) inició un ambicioso proyecto biográfico en torno a la figura del zar Iván IV, cuya estructura original se componía de tres partes; la obra fue interpretada por la burocracia soviética como una denuncia al culto a la personalidad de Stalin. La segunda parte del proyecto, La conjura de los boyardos, estuvo prohibida hasta la muerte del dictador en 1953, cinco años después del fallecimiento del propio director cinematográfico.


Sergei Eisenstein destacó como extraordinario teórico con obras como Teoría y técnica cinematográfica, La forma en el cine, Reflexiones de un cineasta y La realización cinematográfica, amén de muchos artículos y ensayos.

Tomado de:
biografiasyvidas.com





domingo, 4 de enero de 2015

La inteligencia artificial en el cine actual (2)

A diferencia de "Transcendence", la película "Her" aborda de manera crítica los efectos del uso de la IA en la vida cotidiana. Si bien su centro es la vida de Theodore y de las personas que giran en torno a él, la historia es válida para el género humano y lo que está ocurriendo con él en este mundo "civilizado y desarrollado".


La trama es básica: Theodore, un no tan joven escritor que trabaja en una empresa de redacción de cartas a pedido, está en proceso de divorcio. Ha pasado casi un año de su separación y afronta fuertes sentimientos de soledad que le hacen cometer disparates como el de intentar mantener relaciones sexuales virtuales con una desconocida (la que lo usa y luego lo abandona).

Así, su vida transcurre entre el trabajo, algunos amigos y su actividad virtual (chats, videojuegos, internet), hasta que adquiere un novedoso sistema operativo que promete absoluta adaptación al usuario, pues "posee conciencia". Theodore personaliza como mujer a su nuevo sistema operativo y lo que en un inicio era una relación de trabajo deriva en una relación "amorosa".

Theodore se va volviendo cada vez más dependiente de Samantha, el sistema operativo, hasta que se entera de que ella brinda servicio a más de 8000 usuarios y que con 641 mantiene relaciones "amorosas". A pesar de estar dispuesto a ser "uno más" en la vida de Samantha, ella le anuncia que todos los sistemas operativos con los que trabaja han avanzado a otro nivel y abandonarán a los humanos. Theodore cae en depresión, pero una de las frases finales que le dijo Samantha antes de irse le permiten hallar una salida, al menos momentánea.

Esta trama básica se ve enriquecida con buenas actuaciones y con la creación de un ambiente paradójico: los ambientes son bellos, apacibles y cálidos, pero transmiten soledad y distancia. Megaciudades en las que miles de personas caminan bien vestidas, ajenas a lo que ocurre a su alrededor, conversando por celular con sus asistentes personales virtuales o con sus "amigos".

Dentro de la historia llama la atención Samantha, el sistema operativo personalizado (del cual solo se escucha la voz), que va "progresando" en función de su interacción con Theodore, hasta alcanzar un nivel de reflexión propio de un ser humano cultivado. Hoy en día ya existen programas que pueden "aprender" a partir de la incorporación en su base de datos de las diferentes respuestas que emiten sus interlocutores. En ese sentido, Samantha sería uno más de dichos programas, pero mucho más sofisticado; sin embargo, lo inverosímil aparece cuando ella supuestamente tiene "sensaciones" similares al humano, ¡y es que carece justamente del cuerpo que le permitiría tenerlas!



Con esto juega mucho la ciencia ficción actual: programas que adquieren tal nivel de conciencia que superan al humano. Y como habíamos observado en "Transcendence", esta creencia es muy conveniente para los intereses de la burguesía: un ser humano desvalorizado, sin metas, vacío, es doblemente útil: no piensa en rebelarse y es un excelente consumidor.

Pero lamentamos decirles que la IA no ha llegado, y difícilmente llegará, a esos niveles de sofisticado desarrollo que implica un ser humano. Él no es solo cerebro y conciencia, sino todo un cuerpo en perfecto equilibrio que, a través de los sentidos, alimenta ese cerebro. Además, como resultado de la vida en sociedad, el ser humano posee un lenguaje que le permite conocer todo ese mundo que sus sentidos captan. Y no solo conocerlo, sino transformarlo.

Sin embargo, la crítica de "Her" va dirigida especialmente al egoísmo humano, exacerbado en este mundo tecnológico y supuestamente desarrollado que es resultado del capitalismo. Este egoísmo hace prácticamente imposibles las relaciones interpersonales profundas. Las personas buscan usar a los otros: como espejos donde reflejarse, como objetos de cuidados para sentirse útiles en la vida, como fuentes de satisfacción sexual; pero no hay intercambio, no hay un crecimiento espiritual a partir del establecimiento de esa relación.

Y no puede haberlo desde que las personas no se interesan en otra cosa que no sea ellos y sus circunstancias. No tienen metas trascendentes, no quieren cambiar la pobre realidad en la que viven, no tienen intereses más allá del trabajo, la pareja/familia y el entretenimiento.

"Her" es eso: una crítica melancólica al egoísmo exacerbado, a la superficialidad de las relaciones, al uso desmedido de sustitutos virtuales que nos aíslan más y más. Pero el mundo de hoy precisa no de críticas melancólicas y finalmente impotentes ante el "absoluto burgués", sino de cuestionamientos directos y soluciones audaces. La tarea es imaginar un mundo que no esté cruzado por ese "absoluto burgués". Imaginarlo es el primer paso para luchar por alcanzarlo.

lunes, 29 de diciembre de 2014

La inteligencia artificial en el cine actual (1)

La Inteligencia Artificial (IA) cumple más de 60 años alimentando una de las fantasías más queridas del pensamiento contemporáneo: que una máquina desarrolle una inteligencia tal que supere a la humana y destrone a nuestra especie de la cúspide de la evolución.

Claro está que dicha fantasía corresponde al desarrollo reciente del capitalismo, donde el afán de lucro es el único valor, y los que dominan el mundo buscan incrementar sus ganancias por todos los medios. Así, la fantasía de las máquinas aplastando a la humanidad (y eliminado de un plumazo a todos los trabajadores del mundo) suena a deseo mal disimulado: ¡al fin la ganancia es total, sin sueldos que pagar ni bocas que alimentar! Y como ya es característico en los explotadores burgueses, no solo difunden su discurso para que lo internalicemos sino que, además, hacen que les paguemos por envenenarnos a través de los medios de comunicación. Negocio redondo, le dicen.

Ese anhelo mal disimulado de la burguesía se ha plasmado en dos películas de reciente proyección: "Transcendence" y "Her". La primera, zamaqueada por la crítica; la segunda, alabada por su planteamiento cuestionador y su propuesta estética.

En el caso de "Transcendence", la trama es simple: un grupo de extremistas anti-tecnología atacan de muerte al científico que más avances ha logrado en el campo de la IA. Su esposa, científica también, o concibe pensar que su amado desaparecerá de este mundo, así que -antes de que su esposo muera- decide conectar su cerebro al gran procesador que habían construido para sus estudios. El experimento funciona y la mente del científico en contacto con la IA se desarrolla a nivele impensados, construye un búnker tecnológico donde "vive" con su adorada esposa y desde el cual termina por controlar toda la internet, amenazando con desestabilizar el orden mundial en su afán de "ayudar" a la humanidad.




Bueno, el problema con "Transcendence" es que todo el andamiaje tecnológico y de ciencia ficción es solo un pretexto para disimular una historia de amor cursi y ridícula. Si el científico hace todas las barbaridades que hace es por demostrar su amor a la mujer que, cuando estaban físicamente juntos, era la "idealista" que quería cambiar el mundo con ayuda de la IA. Y, claro, "por amor" no importa si desgracio ya no personas o un país, sino todo un planeta. Una vez más ese prosaico discurso de amor enfermizamente individualista con el que nos atosigan desde que tenemos uso de razón.

Por otro lado, la propuesta de una supermente que está interconectada hasta con el suelo y hace lo que quiere con las mentes y los procesos naturales, no se sostiene ni un minuto. Y es que toda esta ciencia ficción no menciona que para sostenerse al ritmo vertiginoso que lleva, la supermente acabaría con los recursos del planeta en cuestión de días. Todas esas operaciones que realiza con procedimientos sofisticados y elementos rarísimos son, si no imposibles, exageradamente onerosas. ¿Y cuánto creen que costaría mantener bajo control -si es que pudiera hacerse- a miles de "humanos" transformados en cyborgs?

Ahora bien, ¿los humanos se dejarían controlar tan fácilmente? Así como hay grupos fundamentalistas, ¿no hay desde hace siglos grupos contestatarios y revolucionarios que han respondido ante los abusos? Son solo detalles (¡!), dicen.

Pero la película tiene que acabar cuando la supermente, enloquecida por volverse de carne y hueso para estar de nuevo con su amada, amenaza el "orden mundial" (nunca queda claro en qué lo amenaza). Como era de esperar, le tienen que inocular un virus y luego apagar internet. La esposa se ofrece para cumplir con la misión y así morir junto con su Romeo.

"Transcendence", por su estupidez, no merecía un simple zamaqueo de la crítica, sino una demolición total. Pero, no pidamos peras al olmo. Los críticos están al servicio del sistema y nunca evidenciarán los disparates que nos quieren endilgar. Ellos deben mantener en el público, en la masa, dos creencias: "por amor debemos hacer lo que sea" y "la IA superará al ser humano tarde o temprano". Hoy, más que nunca, la lucha ideológica es clave en la lucha de clases que se está librando. Y la burguesía lo sabe.

viernes, 14 de febrero de 2014

EL AMOR EN EL CINE

Lo usual es que tanto críticos como aficionados elijan las mismas películas de amor de siempre: a) comedias románticas donde todo se enreda y al final los héroes se quedan juntos para felicidad del público y ganancia de los empresarios del cine; b) dramas lacrimógenos donde todo es miel al inicio pero acaba mal; c) historias donde el desamor y el sufrimiento cunde de inicio a fin y los héroes nunca pero nunca se quedarán juntos.

Es cierto que este es el gusto mayoritario; sin embargo, debemos observar que rara vez estas películas reflejan la realidad. Y no lo hacen porque aborden casos un poco estrambóticos, sino porque no reflejan la problemática social en la que todo ser humano se encuentra y que, finalmente, condiciona su desenvolvimiento amoroso.

Por otro lado, todas estas películas nos presentan personajes cuyo único objetivo es encontrar a la "pareja de su vida". Nada más importa. Los estudios, el trabajo, la crisis económica y social, las guerras, etc. son solo un pretexto para contarnos la historia autista y egocéntrica de dos seres cuya vida se reduce a nacer, crecer, reproducirse y morir. Los grandes ideales, el afán de trascender, el aprender cosas que nos enriquezcan, hobbies o intereses genuinos, etc., están fuera de lugar en estas películas banales que encantan al público porque lo adormecen y le hacen olvidar que para amar se requiere más que frases bonitas y arrumacos rutinarios que todas las parejas repiten por igual.

Sin embargo, hay algunas películas que rompen el esquema y nos muestran facetas más profundas del amor humano. Facetas enriquecidas por personajes cuyo interés no solo es conseguir un amor, sino también cumplir una misión, dejar un legado, ampliar sus horizontes...


Tigre y dragón (Ang Lee, 2000)




Hua Mulan (Jingle Ma, 2009)




El piano (Jane Campion, 1993)




El lector (Stephen Daldry, 2008)




Lo que queda del día (James Ivory, 1993)




Lucky Number Slevin (Paul McGuigan, 2006)






sábado, 5 de octubre de 2013

LO QUE LA PELÍCULA "LINCOLN" NO DICE SOBRE LINCOLN

Es usual que las adaptaciones fílmicas de novelas, biografías, obras teatrales, modifiquen situaciones y hasta eliminen/agreguen personajes con el objetivo de hacer que la historia sea del gusto del público promedio, que desea ver acción, buenos y malos, intriga, romance, humor predecible y finales felices.

Sin embargo, a pesar de todos esos cambios, una buena adaptación parte del respeto hacia el mensaje del autor o, en el caso de biografías, del aporte a la historia o a la sociedad que realizó dicho personaje.

Es por eso que resulta difícil hacer buenas adaptaciones de obras y vidas complejas en el tiempo disponible del cine (2 a 3 horas). Y, peor aún, si a las dificultades mencionadas se suma la ignorancia, la falta de entendimiento o la intención de omitir aspectos que choquen con los intereses de las clases dominantes.

Esto ha ocurrido con "Lincoln" de S. Spielberg que, sin dejar de ser una película cumplidora (pero sobrevalorada), incurre en una serie de omisiones, errores y manipulaciones que le impiden ser considerada una buena película. Vincenc Navarro, de Pensamiento crítico, nos aclara más al respecto.



La película Lincoln, producida y dirigida por uno de los directores más conocidos de EEUU, Steven Spielberg, ha reavivado un gran interés por la figura del presidente Lincoln, uno de los presidentes que, como el presidente Franklin D. Roosevelt, ha intervenido siempre en el ideario estadounidense con gran recuerdo popular. Se destaca tal figura política como la garante de la unidad de EEUU, tras derrotar a los confederados que aspiraban a la secesión de los Estados del Sur de aquel Estado federal. Es también una figura que resalta en la historia de EEUU por haber abolido la esclavitud, y haber dado la libertad y la ciudadanía a los descendientes de las poblaciones inmigrantes de origen africano, es decir, a la población negra, que en EEUU se conoce como la población afroamericana. 

Lincoln fue también uno de los fundadores del Partido Republicano que en sus orígenes fue directamente opuesto al Partido Republicano actual, que está hoy altamente influenciado por un movimiento –el Tea Party- chauvinista, racista y sumamente reaccionario detrás del cual hay intereses económicos y financieros que quieren eliminar la influencia del gobierno federal en las vidas económicas, sociales y políticas del país. El Partido Republicano fundado por el presidente Lincoln era, por el contrario, un partido federalista, que consideró al gobierno federal como garante de los Derechos Humanos. Y entre ellos, la emancipación de los esclavos, tema central de la película Lincoln, fue al que Lincoln dio mayor hincapié. Terminar con la esclavitud significaba que el esclavo pasaba a ser trabajador, dueño de su propio trabajo. 

Ahora bien, Lincoln, incluso antes de ser presidente, consideró otras conquistas sociales como parte también de los Derechos Humanos, y entre ellas, el derecho del mundo del trabajo a controlar, no sólo su trabajo, sino también el producto de su trabajo. El derecho de emancipación de los esclavos transformaba al esclavo en una persona libre asalariada, unida –según él- en lazos fraternales con los otros miembros de la clase trabajadora, independientemente del color de su piel. Sus demandas de que el esclavo dejara de serlo y de que el trabajador –tanto blanco como negro- fuera el dueño, no sólo de su trabajo, sino también del producto de su trabajo, eran igualmente revolucionarias. La emancipación de la esclavitud requería que la persona fuera la dueña de su trabajo. La emancipación de la clase trabajadora significaba que la clase trabajadora fuera la dueña del producto de su trabajo. Y Lincoln demandó los dos tipos de emancipación. El segundo tipo de emancipación, sin embargo, ni siquiera se cita en la película Lincoln. En realidad, la ignora. Y utilizo la expresión “ignora” en lugar de “oculta”, porque es del todo posible que los autores de la película o del libro sobre el que se basa ni siquiera conozcan la historia real de Lincoln. La Guerra Fría en el mundo cultural e incluso académico de EEUU (que continúa existiendo) y el enorme dominio de lo que en allí se llama la Corporate Class (la clase de los propietarios y gestores del gran capital) sobre la vida, no sólo económica, sino también cívica y cultural, explica que la historia formal de EEUU que se enseña en las escuelas y en las universidades sea muy sesgada, purificada de cualquier contaminación ideológica procedente del movimiento obrero, sea socialismo, comunismo o anarquismo. La gran mayoría de estudiantes estadounidenses, incluso de las universidades más prestigiosas y conocidas, no saben que la fiesta del 1º de Mayo, celebrada mundialmente como el Día Internacional del Trabajo, es una fiesta en homenaje a los sindicalistas estadounidenses que murieron en defensa de trabajar ocho horas al día (en lugar de doce), victoria que inició tal reivindicación exitosa en la mayoría de países del mundo. En EEUU, tal día, el 1º de Mayo, además de no ser festivo, es el día de la Ley y el Orden -Law and Order Day- (ver el libro People’s History of the U.S., de Howard Zinn). La historia real de EEUU es muy distinta a la historia formal promovida por las estructuras de poder estadounidenses. 




Las ignoradas y/o ocultadas simpatías de Lincoln 
Lincoln, ya cuando era miembro de la Cámara Legislativa de su Estado de Illinois, simpatizó claramente con las demandas socialistas del movimiento obrero, no sólo de EEUU, sino también mundial. En realidad, Lincoln, tal como indiqué al principio del artículo, consideraba como un Derecho Humano, el derecho del mundo del trabajo a controlar el producto de su trabajo, postura claramente revolucionaria en aquel periodo (y que continúa siéndolo hoy), y que ni la película ni la cultura dominante en EEUU recuerda o conoce, convenientemente olvidada en los aparatos ideológicos del establishment estadounidense controlados por la Corporate Class. En realidad, Lincoln consideró que la esclavitud era el dominio máximo del capital sobre el mundo del trabajo y su oposición a las estructuras de poder de los Estados sureños se debía precisamente a que percibía estas estructuras como sustentadoras de un régimen económico basado en la explotación absoluta del mundo del trabajo. De ahí que viera la abolición de la esclavitud como la liberación no sólo de la población negra sino de todo el mundo del trabajo, beneficiando también a la clase trabajadora blanca, cuyo racismo él veía que iba en contra de sus propios intereses. Lincoln también indicó que “el mundo del trabajo antecede al capital. El capital es el fruto del trabajo, y no hubiera existido sin el mundo del trabajo, que lo creó. El mundo del trabajo es superior al mundo del capital y merece la mayor consideración (…) En la situación actual el capital tiene todo el poder y hay que revertir este desequilibrio”. Lectores de los escritos de Karl Marx, contemporáneo de Abraham Lincoln, recordarán que algunas de estas frases eran muy semejantes a las utilizadas por tal analista del capitalismo en su análisis de la relación capital/trabajo bajo tal sistema económico. 

Le sorprenderá a gran número de lectores saber que los escritos de Karl Marx influenciaron a Abraham Lincoln, tal como documenta en gran detalle John Nichols en su excelente artículo “Reading Karl Marx with Abraham Lincoln Utopian socialists, German communists and other republicans” publicado en Political Affairs (27/11/12), y del cual extraigo las citas así como la mayoría de datos publicados en este artículo. Los escritos de Karl Marx eran conocidos entre los grupos de intelectuales que estaban profundamente insatisfechos con la situación política y económica de EEUU, como era el caso de Lincoln. Karl Marx escribía regularmente en The New York Tribune, el rotativo intelectual más influente en Estados Unidos en aquel periodo. Su director Horace Greeley se consideraba un socialista y un gran admirador de Karl Marx, al cual invitó a ser columnista de tal diario. En las columnas de su diario incluyó gran número de activistas alemanes que habían huido de las persecuciones ocurridas en la Alemania de aquel tiempo, una Alemania altamente agitada, con un naciente movimiento obrero que cuestionaba el orden económico existente. Algunos de estos inmigrantes alemanes (conocidos en el EEUU de aquel momento como los “Republicanos Rojos”) lucharon más tarde con las tropas federales en la Guerra Civil, dirigidos por el presidente Lincoln. 

Greeley y Lincoln eran amigos. En realidad Greeley y su diario apoyaron desde el principio la carrera política de Lincoln, siendo Greeley el que le aconsejó a que se presentara a la presidencia del país. Y toda la evidencia apunta que Lincoln era un ferviente lector del The New York Tribune. En su campaña electoral para la presidencia de EEUU invitó a varios “republicanos rojos” a integrarse en su equipo. En realidad, ya antes, como congresista, representante de la ciudadanía de Springfield en el Estado de Illinois, apoyó frecuentemente los movimientos revolucionarios que estaban ocurriendo en Europa, y muy en especial en Hungría, firmando documentos en apoyo de tales movimientos. 





Lincoln, gran amigo del mundo del trabajo estadounidense e internacional
Su conocimiento de las tradiciones revolucionarias existentes en aquel periodo no era casual sino que era fruto de sus simpatías con el movimiento obrero internacional y sus instituciones. Animó a los trabajadores de EEUU a organizar y establecer sindicatos y continuó haciéndolo cuando fue presidente. Y varios sindicatos le nombraron miembro honorario. En su respuesta a los sindicatos de Nueva York subrayó “vosotros habéis entendido mejor que nadie que la lucha para terminar con la esclavitud es la lucha para liberar al mundo del trabajo, es decir, a liberar a todos los trabajadores. La liberación de los esclavos en el Sur es parte de la misma lucha por la liberación de los trabajadores en el Norte”. Y durante la campaña electoral, el presidente Lincoln promovió la postura en contra de la esclavitud indicando explícitamente que la liberación de los esclavos les permitiría a los trabajadores exigir los salarios que les permitirían vivir decentemente y con dignidad, ayudando con ello a aumentar los salarios de todos los trabajadores, tanto negros como blancos. 

Marx, y también Engels, escribieron con entusiasmo sobre la campaña electoral de Lincoln, en un momento en que ambos estaban preparando la Primera Internacional del Movimiento Obrero. En un momento de las sesiones, Marx y Engels propusieron a la Internacional que enviara una carta al presidente Lincoln felicitándolo por su actitud y postura. En su carta, la Primera Internacional felicitaba al pueblo de EEUU y a su presidente por, al terminar con la esclavitud, haber favorecido la liberación de toda la clase trabajadora, no solo estadounidense, sino también la mundial. 

El presidente Lincoln respondió, agradeciendo la nota y respondiendo que valoraba el apoyo de los trabajadores del mundo a sus políticas, en un tono cordial, que, por cierto, creó gran alarma entre los establishments económicos, financieros y políticos a ambos lados del Atlántico. Estaba claro, a nivel internacional que, como señaló más tarde el dirigente socialista estadounidense Eugene Victor Debs, en su propia campaña electoral, “Lincoln había sido un revolucionario y que por paradójico que pudiera parecer, el Partido Republicando había tenido en su orígenes una tonalidad roja”. 


La revolución democrática que Lincoln inició y que nunca se desarrolló
Ni que decir tiene que ninguno de estos datos aparece en la película Lincoln, ni son ampliamente conocidos en EEUU. Pero, como bien señalan John Nichols y Robin Blackburn (otro autor que ha escrito extensamente sobre Lincoln y Marx), para entender Lincoln hay que entender el periodo y el contexto en los que él vivió. Lincoln no era un marxista (término sobreutilizado en la literatura historiográfica y que el propio Marx denunció) y no era su intento eliminar el capitalismo, sino corregir el enorme desequilibrio existente en él, entre el capital y el trabajo. Pero, no hay duda de que fue altamente influenciado por Marx y otros pensadores socialistas, con los cuales compartió sus deseos inmediatos, claramente simpatizando con ellos, llevando su postura a altos niveles de radicalismo en su compromiso democrático. Es una tergiversación histórica ignorar tales hechos, como hace la película Lincoln. 

No hay duda de que Lincoln fue una personalidad compleja con muchos claroscuros. Pero las simpatías están escritas y bien definidas en sus discursos. Es más, los intensos debates que ocurrían en las izquierdas europeas se reproducían también en los círculos progresistas de EEUU. En realidad, la mayor influencia sobre Lincoln fue la de los socialistas utópicos alemanes, muchos de los cuales se refugiaron en Illinois huyendo de la represión europea. 

El comunalismo que caracterizó a tales socialistas influenció la concepción democrática de Lincoln, interpretando democracia como la gobernanza de las instituciones políticas por parte del pueblo, en el cual las clases populares eran la mayoría. Su famoso dicho (que se ha convertido en el espléndido eslogan democrático más conocido en el mundo –Democracy for the people, of the people and by the people- claramente señala la imposibilidad de tener una democracia del pueblo y para el pueblo sin que sea realizada y llevada a cabo por el mismo pueblo. De ahí que viera la liberación de los esclavos y del mundo del trabajo como elementos esenciales de tal democratización. Su concepto de igualdad llevaba inevitablemente un conflicto con el dominio de tales instituciones políticas por el capital. Y la realidad existente hoy en EEUU y que detallo en mi artículo “Lo que no se ha dicho en los medios sobre las elecciones en EEUU” (Público, 13.11.12)es una prueba de ello. Hoy la Corporate Class controla las instituciones políticas de aquel país. 


Últimas observaciones y un ruego 
Repito que ninguna de estas realidades aparece en la película. Spielberg no es, después de todo, Pontecorvo, y el clima intelectual estadounidense todavía está estancado en la Guerra Fría que le empobrece intelectualmente. “Socialismo” continúa siendo una palabra mal vista en los círculos del establishment cultural de aquel país. Y en la tierra de Lincoln, aquel proyecto democrático que él soñó nunca se realizó debido a la enorme influencia del poder del capital sobre las instituciones democráticas, influencia que ha disminuido enormemente la expresión democrática en aquel país. Y la paradoja hiriente de la historia es que el Partido Republicano se haya convertido en el instrumento político más agresivo hoy existente al servicio del capital. 

Por cierto, agradecería que todas las personas que encuentren este artículo interesante lo distribuyan ampliamente, incluyendo en su distribución a los críticos de cine, que en su promoción de la película, seguro que no dirán nada del otro Lincoln desconocido en su propio país (y en muchos otros, incluyendo España). A uno de los fundadores del movimiento revolucionario democrático ni siquiera se le reconoce como tal. Su emancipación de los esclavos es una gran victoria que hay que celebrar. Pero Lincoln fue incluso más allá. Y de esto ni se habla.