lunes, 2 de febrero de 2015

LA HUELGA, de Sergei Eisenstein

La huelga (1924) fue la segunda película de S. Eisenstein. Ella es una película "de tesis" por dos motivos: de "tesis política", pues muestra que son las masas y no los personajes las que hacen la historia, y que si estas masas no se organizan serán derrotadas por la burguesía; y de "tesis cinematográfica", pues en ella Eisenstein comienza a usar los principios dialécticos aplicados al lenguaje visual. Si bien algunos críticos señalan que La huelga es una obra maniquea y caricaturesca, en ella podemos apreciar el germen del cine maduro de Eisenstein: un cine que refleje en todo sentido la cultura proletaria.

Ver la película en tres partes, aquí:

http://imbratisare.blogspot.com/2012/03/la-huelga-sergei-eisenstein.html

domingo, 1 de febrero de 2015

SERGEI EISENSTEIN

(Riga, Letonia, 22/01/1898 - Moscú, 11/02/1948) Director, montador y teórico cinematográfico soviético. Hijo de padre judío y madre eslava, estudió arquitectura y bellas artes antes de enrolarse en las milicias populares que participaron en la Revolución de Octubre.

En el Ejército Rojo entró en contacto con el teatro al trabajar como responsable de decorados y como director e intérprete de pequeños espectáculos para la tropa. Su experiencia como director de escena del Teatro Obrero (1920) lo impulsó a estudiar dirección teatral en la escuela estatal, donde desarrolló una personal concepción del arte dramático basada en la yuxtaposición de imágenes de fuerte contenido emocional.

Su primer contacto con el cine fue el rodaje de un pequeño cortometraje incluido en el montaje de la obra teatral El sabio que llevaba por título El diario de Glomov. Empezó a interesarse activamente por el nuevo medio artístico y rodó el largometraje La huelga (1924), con una famosa secuencia en que utilizó la imagen de ganado sacrificado en el matadero intercalada con otra de trabajadores fusilados por soldados zaristas.


Alejado ya del Teatro Obrero, recibió el encargo de rodar una película conmemorativa de la Revolución de 1905 que se convertiría en su obra más célebre: El acorazado Potemkin (1925). Considerada uno de los mayores logros del cine mudo, la escena del amotinamiento en el barco y la vertiginosa escena de acción de la escalinata constituyen hitos decisivos en la configuración del lenguaje cinematográfico. Inmerso en la redacción de sus primeros ensayos sobre el montaje de atracción, realizó la genial Octubre (1927), reconstrucción de los decisivos acontecimientos de 1917, basada en la obra del periodista estadounidense John Reed Los diez días que conmovieron al mundo.

Comenzó entonces a tener serios problemas con la censura soviética, que le llevaron a firmar un contrato con la Paramount y trasladarse a Estados Unidos. Sin embargo, no consiguió el permiso de residencia ni poner en marcha ningún proyecto. Marchó entonces a México, donde rodó el incompleto ¡Que viva México!, filme en el que ensayó diferentes montajes aproximativos. La Metro adquirió en una subasta parte de los negativos, que luego utilizó en ¡Viva Villa!, mientras otra parte pasó al productor Sol Lesser, quien con ellos realizó Tormenta sobre México. Una amiga del propio Eisenstein, Mary Seaton, utilizó otra parte en la película Tiempo al sol, de influencia decisiva en el posterior desarrollo del cine mexicano.


Tras su poco exitosa experiencia como cineasta en el exilio, decidió regresar a la Unión Soviética. De nuevo tropezó con grandes dificultades para desarrollar su trabajo; el rodaje de El prado de Bezhin, basada en un cuento de Ivan Turgeniev, fue interrumpido por la censura. Se dedicó entonces a la redacción de brillantes textos teóricos, mientras arreciaban los ataques políticos contra su obra y su persona; ataques que no impidieron que rodase Alexander Nevski (1938), su primera película sonora -con música de Serguéi Prokófiev-, con la que ganó el Premio Stalin.

Con Iván el Terrible (1942) inició un ambicioso proyecto biográfico en torno a la figura del zar Iván IV, cuya estructura original se componía de tres partes; la obra fue interpretada por la burocracia soviética como una denuncia al culto a la personalidad de Stalin. La segunda parte del proyecto, La conjura de los boyardos, estuvo prohibida hasta la muerte del dictador en 1953, cinco años después del fallecimiento del propio director cinematográfico.


Sergei Eisenstein destacó como extraordinario teórico con obras como Teoría y técnica cinematográfica, La forma en el cine, Reflexiones de un cineasta y La realización cinematográfica, amén de muchos artículos y ensayos.

Tomado de:
biografiasyvidas.com





domingo, 4 de enero de 2015

La inteligencia artificial en el cine actual (2)

A diferencia de "Transcendence", la película "Her" aborda de manera crítica los efectos del uso de la IA en la vida cotidiana. Si bien su centro es la vida de Theodore y de las personas que giran en torno a él, la historia es válida para el género humano y lo que está ocurriendo con él en este mundo "civilizado y desarrollado".


La trama es básica: Theodore, un no tan joven escritor que trabaja en una empresa de redacción de cartas a pedido, está en proceso de divorcio. Ha pasado casi un año de su separación y afronta fuertes sentimientos de soledad que le hacen cometer disparates como el de intentar mantener relaciones sexuales virtuales con una desconocida (la que lo usa y luego lo abandona).

Así, su vida transcurre entre el trabajo, algunos amigos y su actividad virtual (chats, videojuegos, internet), hasta que adquiere un novedoso sistema operativo que promete absoluta adaptación al usuario, pues "posee conciencia". Theodore personaliza como mujer a su nuevo sistema operativo y lo que en un inicio era una relación de trabajo deriva en una relación "amorosa".

Theodore se va volviendo cada vez más dependiente de Samantha, el sistema operativo, hasta que se entera de que ella brinda servicio a más de 8000 usuarios y que con 641 mantiene relaciones "amorosas". A pesar de estar dispuesto a ser "uno más" en la vida de Samantha, ella le anuncia que todos los sistemas operativos con los que trabaja han avanzado a otro nivel y abandonarán a los humanos. Theodore cae en depresión, pero una de las frases finales que le dijo Samantha antes de irse le permiten hallar una salida, al menos momentánea.

Esta trama básica se ve enriquecida con buenas actuaciones y con la creación de un ambiente paradójico: los ambientes son bellos, apacibles y cálidos, pero transmiten soledad y distancia. Megaciudades en las que miles de personas caminan bien vestidas, ajenas a lo que ocurre a su alrededor, conversando por celular con sus asistentes personales virtuales o con sus "amigos".

Dentro de la historia llama la atención Samantha, el sistema operativo personalizado (del cual solo se escucha la voz), que va "progresando" en función de su interacción con Theodore, hasta alcanzar un nivel de reflexión propio de un ser humano cultivado. Hoy en día ya existen programas que pueden "aprender" a partir de la incorporación en su base de datos de las diferentes respuestas que emiten sus interlocutores. En ese sentido, Samantha sería uno más de dichos programas, pero mucho más sofisticado; sin embargo, lo inverosímil aparece cuando ella supuestamente tiene "sensaciones" similares al humano, ¡y es que carece justamente del cuerpo que le permitiría tenerlas!



Con esto juega mucho la ciencia ficción actual: programas que adquieren tal nivel de conciencia que superan al humano. Y como habíamos observado en "Transcendence", esta creencia es muy conveniente para los intereses de la burguesía: un ser humano desvalorizado, sin metas, vacío, es doblemente útil: no piensa en rebelarse y es un excelente consumidor.

Pero lamentamos decirles que la IA no ha llegado, y difícilmente llegará, a esos niveles de sofisticado desarrollo que implica un ser humano. Él no es solo cerebro y conciencia, sino todo un cuerpo en perfecto equilibrio que, a través de los sentidos, alimenta ese cerebro. Además, como resultado de la vida en sociedad, el ser humano posee un lenguaje que le permite conocer todo ese mundo que sus sentidos captan. Y no solo conocerlo, sino transformarlo.

Sin embargo, la crítica de "Her" va dirigida especialmente al egoísmo humano, exacerbado en este mundo tecnológico y supuestamente desarrollado que es resultado del capitalismo. Este egoísmo hace prácticamente imposibles las relaciones interpersonales profundas. Las personas buscan usar a los otros: como espejos donde reflejarse, como objetos de cuidados para sentirse útiles en la vida, como fuentes de satisfacción sexual; pero no hay intercambio, no hay un crecimiento espiritual a partir del establecimiento de esa relación.

Y no puede haberlo desde que las personas no se interesan en otra cosa que no sea ellos y sus circunstancias. No tienen metas trascendentes, no quieren cambiar la pobre realidad en la que viven, no tienen intereses más allá del trabajo, la pareja/familia y el entretenimiento.

"Her" es eso: una crítica melancólica al egoísmo exacerbado, a la superficialidad de las relaciones, al uso desmedido de sustitutos virtuales que nos aíslan más y más. Pero el mundo de hoy precisa no de críticas melancólicas y finalmente impotentes ante el "absoluto burgués", sino de cuestionamientos directos y soluciones audaces. La tarea es imaginar un mundo que no esté cruzado por ese "absoluto burgués". Imaginarlo es el primer paso para luchar por alcanzarlo.

lunes, 29 de diciembre de 2014

La inteligencia artificial en el cine actual (1)

La Inteligencia Artificial (IA) cumple más de 60 años alimentando una de las fantasías más queridas del pensamiento contemporáneo: que una máquina desarrolle una inteligencia tal que supere a la humana y destrone a nuestra especie de la cúspide de la evolución.

Claro está que dicha fantasía corresponde al desarrollo reciente del capitalismo, donde el afán de lucro es el único valor, y los que dominan el mundo buscan incrementar sus ganancias por todos los medios. Así, la fantasía de las máquinas aplastando a la humanidad (y eliminado de un plumazo a todos los trabajadores del mundo) suena a deseo mal disimulado: ¡al fin la ganancia es total, sin sueldos que pagar ni bocas que alimentar! Y como ya es característico en los explotadores burgueses, no solo difunden su discurso para que lo internalicemos sino que, además, hacen que les paguemos por envenenarnos a través de los medios de comunicación. Negocio redondo, le dicen.

Ese anhelo mal disimulado de la burguesía se ha plasmado en dos películas de reciente proyección: "Transcendence" y "Her". La primera, zamaqueada por la crítica; la segunda, alabada por su planteamiento cuestionador y su propuesta estética.

En el caso de "Transcendence", la trama es simple: un grupo de extremistas anti-tecnología atacan de muerte al científico que más avances ha logrado en el campo de la IA. Su esposa, científica también, o concibe pensar que su amado desaparecerá de este mundo, así que -antes de que su esposo muera- decide conectar su cerebro al gran procesador que habían construido para sus estudios. El experimento funciona y la mente del científico en contacto con la IA se desarrolla a nivele impensados, construye un búnker tecnológico donde "vive" con su adorada esposa y desde el cual termina por controlar toda la internet, amenazando con desestabilizar el orden mundial en su afán de "ayudar" a la humanidad.




Bueno, el problema con "Transcendence" es que todo el andamiaje tecnológico y de ciencia ficción es solo un pretexto para disimular una historia de amor cursi y ridícula. Si el científico hace todas las barbaridades que hace es por demostrar su amor a la mujer que, cuando estaban físicamente juntos, era la "idealista" que quería cambiar el mundo con ayuda de la IA. Y, claro, "por amor" no importa si desgracio ya no personas o un país, sino todo un planeta. Una vez más ese prosaico discurso de amor enfermizamente individualista con el que nos atosigan desde que tenemos uso de razón.

Por otro lado, la propuesta de una supermente que está interconectada hasta con el suelo y hace lo que quiere con las mentes y los procesos naturales, no se sostiene ni un minuto. Y es que toda esta ciencia ficción no menciona que para sostenerse al ritmo vertiginoso que lleva, la supermente acabaría con los recursos del planeta en cuestión de días. Todas esas operaciones que realiza con procedimientos sofisticados y elementos rarísimos son, si no imposibles, exageradamente onerosas. ¿Y cuánto creen que costaría mantener bajo control -si es que pudiera hacerse- a miles de "humanos" transformados en cyborgs?

Ahora bien, ¿los humanos se dejarían controlar tan fácilmente? Así como hay grupos fundamentalistas, ¿no hay desde hace siglos grupos contestatarios y revolucionarios que han respondido ante los abusos? Son solo detalles (¡!), dicen.

Pero la película tiene que acabar cuando la supermente, enloquecida por volverse de carne y hueso para estar de nuevo con su amada, amenaza el "orden mundial" (nunca queda claro en qué lo amenaza). Como era de esperar, le tienen que inocular un virus y luego apagar internet. La esposa se ofrece para cumplir con la misión y así morir junto con su Romeo.

"Transcendence", por su estupidez, no merecía un simple zamaqueo de la crítica, sino una demolición total. Pero, no pidamos peras al olmo. Los críticos están al servicio del sistema y nunca evidenciarán los disparates que nos quieren endilgar. Ellos deben mantener en el público, en la masa, dos creencias: "por amor debemos hacer lo que sea" y "la IA superará al ser humano tarde o temprano". Hoy, más que nunca, la lucha ideológica es clave en la lucha de clases que se está librando. Y la burguesía lo sabe.

viernes, 14 de febrero de 2014

EL AMOR EN EL CINE

Lo usual es que tanto críticos como aficionados elijan las mismas películas de amor de siempre: a) comedias románticas donde todo se enreda y al final los héroes se quedan juntos para felicidad del público y ganancia de los empresarios del cine; b) dramas lacrimógenos donde todo es miel al inicio pero acaba mal; c) historias donde el desamor y el sufrimiento cunde de inicio a fin y los héroes nunca pero nunca se quedarán juntos.

Es cierto que este es el gusto mayoritario; sin embargo, debemos observar que rara vez estas películas reflejan la realidad. Y no lo hacen porque aborden casos un poco estrambóticos, sino porque no reflejan la problemática social en la que todo ser humano se encuentra y que, finalmente, condiciona su desenvolvimiento amoroso.

Por otro lado, todas estas películas nos presentan personajes cuyo único objetivo es encontrar a la "pareja de su vida". Nada más importa. Los estudios, el trabajo, la crisis económica y social, las guerras, etc. son solo un pretexto para contarnos la historia autista y egocéntrica de dos seres cuya vida se reduce a nacer, crecer, reproducirse y morir. Los grandes ideales, el afán de trascender, el aprender cosas que nos enriquezcan, hobbies o intereses genuinos, etc., están fuera de lugar en estas películas banales que encantan al público porque lo adormecen y le hacen olvidar que para amar se requiere más que frases bonitas y arrumacos rutinarios que todas las parejas repiten por igual.

Sin embargo, hay algunas películas que rompen el esquema y nos muestran facetas más profundas del amor humano. Facetas enriquecidas por personajes cuyo interés no solo es conseguir un amor, sino también cumplir una misión, dejar un legado, ampliar sus horizontes...


Tigre y dragón (Ang Lee, 2000)




Hua Mulan (Jingle Ma, 2009)




El piano (Jane Campion, 1993)




El lector (Stephen Daldry, 2008)




Lo que queda del día (James Ivory, 1993)




Lucky Number Slevin (Paul McGuigan, 2006)






sábado, 5 de octubre de 2013

LO QUE LA PELÍCULA "LINCOLN" NO DICE SOBRE LINCOLN

Es usual que las adaptaciones fílmicas de novelas, biografías, obras teatrales, modifiquen situaciones y hasta eliminen/agreguen personajes con el objetivo de hacer que la historia sea del gusto del público promedio, que desea ver acción, buenos y malos, intriga, romance, humor predecible y finales felices.

Sin embargo, a pesar de todos esos cambios, una buena adaptación parte del respeto hacia el mensaje del autor o, en el caso de biografías, del aporte a la historia o a la sociedad que realizó dicho personaje.

Es por eso que resulta difícil hacer buenas adaptaciones de obras y vidas complejas en el tiempo disponible del cine (2 a 3 horas). Y, peor aún, si a las dificultades mencionadas se suma la ignorancia, la falta de entendimiento o la intención de omitir aspectos que choquen con los intereses de las clases dominantes.

Esto ha ocurrido con "Lincoln" de S. Spielberg que, sin dejar de ser una película cumplidora (pero sobrevalorada), incurre en una serie de omisiones, errores y manipulaciones que le impiden ser considerada una buena película. Vincenc Navarro, de Pensamiento crítico, nos aclara más al respecto.



La película Lincoln, producida y dirigida por uno de los directores más conocidos de EEUU, Steven Spielberg, ha reavivado un gran interés por la figura del presidente Lincoln, uno de los presidentes que, como el presidente Franklin D. Roosevelt, ha intervenido siempre en el ideario estadounidense con gran recuerdo popular. Se destaca tal figura política como la garante de la unidad de EEUU, tras derrotar a los confederados que aspiraban a la secesión de los Estados del Sur de aquel Estado federal. Es también una figura que resalta en la historia de EEUU por haber abolido la esclavitud, y haber dado la libertad y la ciudadanía a los descendientes de las poblaciones inmigrantes de origen africano, es decir, a la población negra, que en EEUU se conoce como la población afroamericana. 

Lincoln fue también uno de los fundadores del Partido Republicano que en sus orígenes fue directamente opuesto al Partido Republicano actual, que está hoy altamente influenciado por un movimiento –el Tea Party- chauvinista, racista y sumamente reaccionario detrás del cual hay intereses económicos y financieros que quieren eliminar la influencia del gobierno federal en las vidas económicas, sociales y políticas del país. El Partido Republicano fundado por el presidente Lincoln era, por el contrario, un partido federalista, que consideró al gobierno federal como garante de los Derechos Humanos. Y entre ellos, la emancipación de los esclavos, tema central de la película Lincoln, fue al que Lincoln dio mayor hincapié. Terminar con la esclavitud significaba que el esclavo pasaba a ser trabajador, dueño de su propio trabajo. 

Ahora bien, Lincoln, incluso antes de ser presidente, consideró otras conquistas sociales como parte también de los Derechos Humanos, y entre ellas, el derecho del mundo del trabajo a controlar, no sólo su trabajo, sino también el producto de su trabajo. El derecho de emancipación de los esclavos transformaba al esclavo en una persona libre asalariada, unida –según él- en lazos fraternales con los otros miembros de la clase trabajadora, independientemente del color de su piel. Sus demandas de que el esclavo dejara de serlo y de que el trabajador –tanto blanco como negro- fuera el dueño, no sólo de su trabajo, sino también del producto de su trabajo, eran igualmente revolucionarias. La emancipación de la esclavitud requería que la persona fuera la dueña de su trabajo. La emancipación de la clase trabajadora significaba que la clase trabajadora fuera la dueña del producto de su trabajo. Y Lincoln demandó los dos tipos de emancipación. El segundo tipo de emancipación, sin embargo, ni siquiera se cita en la película Lincoln. En realidad, la ignora. Y utilizo la expresión “ignora” en lugar de “oculta”, porque es del todo posible que los autores de la película o del libro sobre el que se basa ni siquiera conozcan la historia real de Lincoln. La Guerra Fría en el mundo cultural e incluso académico de EEUU (que continúa existiendo) y el enorme dominio de lo que en allí se llama la Corporate Class (la clase de los propietarios y gestores del gran capital) sobre la vida, no sólo económica, sino también cívica y cultural, explica que la historia formal de EEUU que se enseña en las escuelas y en las universidades sea muy sesgada, purificada de cualquier contaminación ideológica procedente del movimiento obrero, sea socialismo, comunismo o anarquismo. La gran mayoría de estudiantes estadounidenses, incluso de las universidades más prestigiosas y conocidas, no saben que la fiesta del 1º de Mayo, celebrada mundialmente como el Día Internacional del Trabajo, es una fiesta en homenaje a los sindicalistas estadounidenses que murieron en defensa de trabajar ocho horas al día (en lugar de doce), victoria que inició tal reivindicación exitosa en la mayoría de países del mundo. En EEUU, tal día, el 1º de Mayo, además de no ser festivo, es el día de la Ley y el Orden -Law and Order Day- (ver el libro People’s History of the U.S., de Howard Zinn). La historia real de EEUU es muy distinta a la historia formal promovida por las estructuras de poder estadounidenses. 




Las ignoradas y/o ocultadas simpatías de Lincoln 
Lincoln, ya cuando era miembro de la Cámara Legislativa de su Estado de Illinois, simpatizó claramente con las demandas socialistas del movimiento obrero, no sólo de EEUU, sino también mundial. En realidad, Lincoln, tal como indiqué al principio del artículo, consideraba como un Derecho Humano, el derecho del mundo del trabajo a controlar el producto de su trabajo, postura claramente revolucionaria en aquel periodo (y que continúa siéndolo hoy), y que ni la película ni la cultura dominante en EEUU recuerda o conoce, convenientemente olvidada en los aparatos ideológicos del establishment estadounidense controlados por la Corporate Class. En realidad, Lincoln consideró que la esclavitud era el dominio máximo del capital sobre el mundo del trabajo y su oposición a las estructuras de poder de los Estados sureños se debía precisamente a que percibía estas estructuras como sustentadoras de un régimen económico basado en la explotación absoluta del mundo del trabajo. De ahí que viera la abolición de la esclavitud como la liberación no sólo de la población negra sino de todo el mundo del trabajo, beneficiando también a la clase trabajadora blanca, cuyo racismo él veía que iba en contra de sus propios intereses. Lincoln también indicó que “el mundo del trabajo antecede al capital. El capital es el fruto del trabajo, y no hubiera existido sin el mundo del trabajo, que lo creó. El mundo del trabajo es superior al mundo del capital y merece la mayor consideración (…) En la situación actual el capital tiene todo el poder y hay que revertir este desequilibrio”. Lectores de los escritos de Karl Marx, contemporáneo de Abraham Lincoln, recordarán que algunas de estas frases eran muy semejantes a las utilizadas por tal analista del capitalismo en su análisis de la relación capital/trabajo bajo tal sistema económico. 

Le sorprenderá a gran número de lectores saber que los escritos de Karl Marx influenciaron a Abraham Lincoln, tal como documenta en gran detalle John Nichols en su excelente artículo “Reading Karl Marx with Abraham Lincoln Utopian socialists, German communists and other republicans” publicado en Political Affairs (27/11/12), y del cual extraigo las citas así como la mayoría de datos publicados en este artículo. Los escritos de Karl Marx eran conocidos entre los grupos de intelectuales que estaban profundamente insatisfechos con la situación política y económica de EEUU, como era el caso de Lincoln. Karl Marx escribía regularmente en The New York Tribune, el rotativo intelectual más influente en Estados Unidos en aquel periodo. Su director Horace Greeley se consideraba un socialista y un gran admirador de Karl Marx, al cual invitó a ser columnista de tal diario. En las columnas de su diario incluyó gran número de activistas alemanes que habían huido de las persecuciones ocurridas en la Alemania de aquel tiempo, una Alemania altamente agitada, con un naciente movimiento obrero que cuestionaba el orden económico existente. Algunos de estos inmigrantes alemanes (conocidos en el EEUU de aquel momento como los “Republicanos Rojos”) lucharon más tarde con las tropas federales en la Guerra Civil, dirigidos por el presidente Lincoln. 

Greeley y Lincoln eran amigos. En realidad Greeley y su diario apoyaron desde el principio la carrera política de Lincoln, siendo Greeley el que le aconsejó a que se presentara a la presidencia del país. Y toda la evidencia apunta que Lincoln era un ferviente lector del The New York Tribune. En su campaña electoral para la presidencia de EEUU invitó a varios “republicanos rojos” a integrarse en su equipo. En realidad, ya antes, como congresista, representante de la ciudadanía de Springfield en el Estado de Illinois, apoyó frecuentemente los movimientos revolucionarios que estaban ocurriendo en Europa, y muy en especial en Hungría, firmando documentos en apoyo de tales movimientos. 





Lincoln, gran amigo del mundo del trabajo estadounidense e internacional
Su conocimiento de las tradiciones revolucionarias existentes en aquel periodo no era casual sino que era fruto de sus simpatías con el movimiento obrero internacional y sus instituciones. Animó a los trabajadores de EEUU a organizar y establecer sindicatos y continuó haciéndolo cuando fue presidente. Y varios sindicatos le nombraron miembro honorario. En su respuesta a los sindicatos de Nueva York subrayó “vosotros habéis entendido mejor que nadie que la lucha para terminar con la esclavitud es la lucha para liberar al mundo del trabajo, es decir, a liberar a todos los trabajadores. La liberación de los esclavos en el Sur es parte de la misma lucha por la liberación de los trabajadores en el Norte”. Y durante la campaña electoral, el presidente Lincoln promovió la postura en contra de la esclavitud indicando explícitamente que la liberación de los esclavos les permitiría a los trabajadores exigir los salarios que les permitirían vivir decentemente y con dignidad, ayudando con ello a aumentar los salarios de todos los trabajadores, tanto negros como blancos. 

Marx, y también Engels, escribieron con entusiasmo sobre la campaña electoral de Lincoln, en un momento en que ambos estaban preparando la Primera Internacional del Movimiento Obrero. En un momento de las sesiones, Marx y Engels propusieron a la Internacional que enviara una carta al presidente Lincoln felicitándolo por su actitud y postura. En su carta, la Primera Internacional felicitaba al pueblo de EEUU y a su presidente por, al terminar con la esclavitud, haber favorecido la liberación de toda la clase trabajadora, no solo estadounidense, sino también la mundial. 

El presidente Lincoln respondió, agradeciendo la nota y respondiendo que valoraba el apoyo de los trabajadores del mundo a sus políticas, en un tono cordial, que, por cierto, creó gran alarma entre los establishments económicos, financieros y políticos a ambos lados del Atlántico. Estaba claro, a nivel internacional que, como señaló más tarde el dirigente socialista estadounidense Eugene Victor Debs, en su propia campaña electoral, “Lincoln había sido un revolucionario y que por paradójico que pudiera parecer, el Partido Republicando había tenido en su orígenes una tonalidad roja”. 


La revolución democrática que Lincoln inició y que nunca se desarrolló
Ni que decir tiene que ninguno de estos datos aparece en la película Lincoln, ni son ampliamente conocidos en EEUU. Pero, como bien señalan John Nichols y Robin Blackburn (otro autor que ha escrito extensamente sobre Lincoln y Marx), para entender Lincoln hay que entender el periodo y el contexto en los que él vivió. Lincoln no era un marxista (término sobreutilizado en la literatura historiográfica y que el propio Marx denunció) y no era su intento eliminar el capitalismo, sino corregir el enorme desequilibrio existente en él, entre el capital y el trabajo. Pero, no hay duda de que fue altamente influenciado por Marx y otros pensadores socialistas, con los cuales compartió sus deseos inmediatos, claramente simpatizando con ellos, llevando su postura a altos niveles de radicalismo en su compromiso democrático. Es una tergiversación histórica ignorar tales hechos, como hace la película Lincoln. 

No hay duda de que Lincoln fue una personalidad compleja con muchos claroscuros. Pero las simpatías están escritas y bien definidas en sus discursos. Es más, los intensos debates que ocurrían en las izquierdas europeas se reproducían también en los círculos progresistas de EEUU. En realidad, la mayor influencia sobre Lincoln fue la de los socialistas utópicos alemanes, muchos de los cuales se refugiaron en Illinois huyendo de la represión europea. 

El comunalismo que caracterizó a tales socialistas influenció la concepción democrática de Lincoln, interpretando democracia como la gobernanza de las instituciones políticas por parte del pueblo, en el cual las clases populares eran la mayoría. Su famoso dicho (que se ha convertido en el espléndido eslogan democrático más conocido en el mundo –Democracy for the people, of the people and by the people- claramente señala la imposibilidad de tener una democracia del pueblo y para el pueblo sin que sea realizada y llevada a cabo por el mismo pueblo. De ahí que viera la liberación de los esclavos y del mundo del trabajo como elementos esenciales de tal democratización. Su concepto de igualdad llevaba inevitablemente un conflicto con el dominio de tales instituciones políticas por el capital. Y la realidad existente hoy en EEUU y que detallo en mi artículo “Lo que no se ha dicho en los medios sobre las elecciones en EEUU” (Público, 13.11.12)es una prueba de ello. Hoy la Corporate Class controla las instituciones políticas de aquel país. 


Últimas observaciones y un ruego 
Repito que ninguna de estas realidades aparece en la película. Spielberg no es, después de todo, Pontecorvo, y el clima intelectual estadounidense todavía está estancado en la Guerra Fría que le empobrece intelectualmente. “Socialismo” continúa siendo una palabra mal vista en los círculos del establishment cultural de aquel país. Y en la tierra de Lincoln, aquel proyecto democrático que él soñó nunca se realizó debido a la enorme influencia del poder del capital sobre las instituciones democráticas, influencia que ha disminuido enormemente la expresión democrática en aquel país. Y la paradoja hiriente de la historia es que el Partido Republicano se haya convertido en el instrumento político más agresivo hoy existente al servicio del capital. 

Por cierto, agradecería que todas las personas que encuentren este artículo interesante lo distribuyan ampliamente, incluyendo en su distribución a los críticos de cine, que en su promoción de la película, seguro que no dirán nada del otro Lincoln desconocido en su propio país (y en muchos otros, incluyendo España). A uno de los fundadores del movimiento revolucionario democrático ni siquiera se le reconoce como tal. Su emancipación de los esclavos es una gran victoria que hay que celebrar. Pero Lincoln fue incluso más allá. Y de esto ni se habla.

domingo, 18 de agosto de 2013

LENIN EN EL CINE

Así como abundan las biografías completas escritas acerca de Lenin, las cinematográficas son escasas. Y es entendible, pues resumir en pocas horas la vida y obra de este revolucionario es prácticamente imposible. De tal suerte que las películas biográficas sobre Lenin se enfocan en anécdotas y periodos muy cortos de su vida. A la fecha se han registrado 16 películas acerca de aspectos de la vida de Lenin (la primera: Octubre, 1927, Eisenstein); sin embargo, comentaremos las dos más recientes.

El tren de Lenin (1988, Damiani, coproducción: Italia, Alemania, Francia y Austria)

El culebrón

El regreso del exilio sirve de burdo pretexto para mostrar los entretelones del supuesto romance Lenin-Armand. Esta serie para TV recoge mucho de la biografía mentirosa escrita por Robert Service, pero la supera con unos diálogos dignos de las más taquilleras telenovelas mexicanas. Y nadie se salva del raje y de la calumnia:

Los alemanes: unos estúpidos que reciben su merecido por ser tan estúpidos.

Los bolcheviques: laberintosos, intrigantes y maleducados.

Radek: un judío polaco servil (para variar), con aires de radicaloide, pero en verdad lo único que quiere es dinero y poder.

Armand: una mujer "tempestuosa", infiel a su esposo, despechada por que Lenin la dejó por Krupskaia y que lo único que le interesa en esta vida son sus hijos y estar siempre regia.

La mujer fatal en acción

David: el típico buen muchacho que idolatra a un líder y a una mujer que son más falsos que la falsedad. Y como se estila en este tipo de películas, no pasará mucho tiempo para que los malvados lo defrauden.

Krupskaia: reducida al papel de eco de Lenin, con funciones de secretaria, ama de llaves y locutora oficial. Evidentemente, la presentan vieja, desabrida, sin personalidad y buenita hasta la náusea.

Lenin: ni Maquiavelo lo hubiera imaginado mejor: manipulador, oportunista, desleal, autoritario, infiel, falso, etc., etc. Lo único que le interesa es el poder y que su imagen de superhombre no se manche.

Lenin encarnado por Ben Kingsley, en uno de los peores papeles de su vida

Y si por las calumnias no son suficientes para convencer al espectador, las mentiras vienen en su ayuda. Dos botones:
* En la película aparece que Inessa Armand se encuentra con los emigrados recién en el momento de partir de regreso a Rusia. Falso. Días antes ya se había reunido con el Buró político de los bolcheviques en Suiza, donde participó en la redacción y firma de un documento de apoyo a la decisión de los bolcheviques de retornar a su patria aceptando las condiciones del gobierno alemán.

* En la película, durante el viaje, Lenin prácticamente impone el cambio de la denominación del partido: de socialdemócrata a bolchevique. Falso. El abandono del nombre "socialdemócrata" se da una vez que los bolcheviques toman el poder y se denominan Partido Comunista bolchevique.

En suma, "El tren de Lenin" no es más que un culebrón mal disimulado de película histórica mentirosa. Contrabando puro y duro.


Taurus (2000, Sokúrov, producción: Rusia).

Lenin existencialista: ser o ser

Lenin, en sus últimos meses de vida, se vuelve filósofo existencialista y se pregunta cómo será la revolución sin él y si Krupskaia lo extrañará. Un poco menos intrigante que la película anterior, pero igual de desatinada al describir la personalidad de Lenin. Y no podía ocurrir de otra manera con directores y guionistas que de marxismo y de historia universal no tienen ni la más remota idea.


Para conocer más:

Lenin: el tren de Damiano Damiani (http://old.kaosenlared.net/noticia/lenin-tren-de-damiano-damiani)
Escribe: Pepe Gutiérrez-Alvarez (Kaos en la red)
La crítica más rigurosa y objetiva encontrada en internet sobre la película en cuestión. Desmonta la sarta de mentiras, exageraciones y omisiones del "converso" Damiani.

Un día en la vida de Vladimir Illich, cercana ya la muerte (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=15856)
Escribe: Josep Torrell (Rebelión)
Análisis superfluo y condescendiente de la película "Taurus". Urgente una dosis de cultura general y de ubicaína.